lunes, 3 de diciembre de 2007

Kumon


Cuando hablo de Kumon la gente me pregunta: “¿Y no se cansa? ¿Y no se aburre?”. Parece un coñazo, lo sé. Uno no comprende muy bien en qué consiste, cómo funciona, hasta que lo prueba. Yo decidí lanzarme a la piscina, entre otras cosas, para evitarle un sufrimiento como el que yo padecí a causa de las clases de matemáticas.

Estamos hablando de un trabajo de 10 minutos diarios, máximo 25 en niveles superiores. Y, con ello, consigue:

-conocimientos matemáticos asentados sobre una sólida base (¡niños de 10 años realizando operaciones que yo ni siquiera sabía que existían!)
-confianza en si mismo
-autodidactismo
-capacidad de concentración y, por tanto, optimización del tiempo
-hábito de estudio

Y todo ello, sin competir con otros 25 niños de su edad, sin el agobio de los exámenes, sin que una respuesta equivocada sea un suspenso, algo negativo, sino una oportunidad de aprendizaje y autosuperación.

En mi opinión, vale lo que cuesta.


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