sábado, 3 de octubre de 2009

Respuestas para Cristina



Lo que más me gusta de Facebook es que te permite retomar el contacto con gente de la que llevas años sin tener noticias. En mi caso, me he reencontrado con casi todos los niños que veraneaban en mi calle y con los que pasaba el día jugando, de sol a sol y algo más...

A una de ellas la recuerdo especialmente por su afición a la lectura. Creo que éramos las únicas; no las únicas que leíamos, supongo, pero sí las únicas que hablábamos de libros. Resulta que ahora Cristina es profesora. Pasó por este blog y me dejó algunos comentarios que siguen esperando respuesta. Como su aportación es extensa y no quiero dejar nada sin contestar, voy a hacerle un fisking:


1. Sí, los niños en casa aprenden más rápido que en clase. Es lo que tiene estar en un entorno en los que no todos tienen las mismas capacidades. Como el mundo mismo. En el mundo no todos tenemos las mismas capacidades, cierto, pero en el mundo -en la vida- cada uno es libre de buscar el lugar en el que se siente cómodo, útil, activo, vivo... Eso no sucede en un aula. En un aula, no todos tienen las mismas capacidades, cierto, pero no son libres de reubicarse. Es una diferencia bastante importante; fundamental, más bien.
Pero este argumento sería muy peligroso. También las niñas aprenden más rápido en un colegio de chicas, no por eso es acertado separarlas, verdad?
No sé si las niñas aprenden más rápido, dudo que pueda generalizarse; tampoco sé si es acertado separarlas o no. Lo que es imposible es conseguir un aula de 5, 10, 15 o 30 niños que aprendan al mismo ritmo.
En el mundo hay chicos y chicas, y gatos, pájaros, árboles...En un aula auténtica (aquella que es sagrada para su profesor) los alumnos colaboran entre sí para aprender. El alumno con capacidades, aunque sea muy pequeño, AYUDA a los demás a que aprendan también. En un aula no sólo reciben conocimientos, ayudan a construirlos, a que circulen, a hacérselos accesibles a los demás. A regalárselos, incluso. Rodeados de compañeros (y de profesores) más y menos listos, los niños aprenden que aprender (redundancia a propósito) es sinónimo de colaborar y participar.
Describes un aula ideal que poquísimas veces se refleja en el mundo real. Muchísimos niños homeschoolers pasaron antes por aulas... que no tenían nada que ver con la que tú describes. No digo que no existan, ojo, pero sí creo que es imposible conseguirlas mientras tengamos la legislación que tenemos (en España, al menos) con currículo impuesto, plazos impuestos, sistemas de evaluación impuestos, metodologías impuestas. Conozco profesores que querrían un aula como la que describes pero que topan con el muro de la burocracia y la adminsitración. Conozco, también, colegios que se preocupan más por conseguir sellos de calidad que por conseguir la calidad misma.
¡Hay niños tan generosos! Quizás tu niño salga ganando en casa, pero ¡cuánto pierde un aula sin él, sin su voz! ¡¡Ni te imaginas cuánto perdió él cuando estuvo en un aula!! Como podrás suponer, la desescolarización no es una decisión que se tome a la ligera... Y lo que el aula pierde sin su voz, junto con lo que él hipóteticamente podría ganar, pesa infinitamente menos que todo lo que él perdió en su tiempo de escolarización.

2. Los niños por supuesto que no se aburren en la escuela. Discrepo bastante en este punto. Incluso niños a los que, en principio, les gusta la escuela, cuando pueden elegir, eligen no ir. Pero quizás es sólo que no conozco a eso niños afortunados que tú conoces. O no más que en otros lugares. De nuevo, como el mundo mismo. Sólo se aburren los aburridos. Un aula es el lugar con mayor intensidad vital que conozco. ¿Intensidad vital? 20 niños de la misma edad, sentados ante sus cuadernos, escuchando al profesor, guardando un silencio impuesto, contestando sólo a lo que se le pregunta y, quizás, atemorizados por el miedo al ridículo, al fracaso o a que sus ideas no sean aceptadas, ¿dónde ves ahí la intensidad vital? Repito, es sagrada. Un aula auténtica, por supuesto. El voltaje es tan fuerte que a mí se me escapaban a menudo las lágrimas. Por no hablar del humor y la ironía. Un buen colegio es aquel en el que a cada rato parece que habría que reírse. ¿Cómo va a ser aburrido un lugar en el que es posible (todavía) decir y hacer cosas que no pueden decirse en ningún otro lado? Insisto en que no es el caso de las escuelas tradicionales y conservadoras.
Dime de qué tipo de escuelas estamos hablando. ¿Qué porcentaje de escuelas no son tradicionales y conservadoras? Porque hasta en el más progre de los colegios públicos hay que pedir permiso para hablar y para ir al baño y se repite incesantemente aquello de "eso ahora no toca" cuando un niño dice o hace cosas que no puede decir en ningún otro lado (salvo en su casa, por supuesto). Las escuelas que no son tradicionales y conservadoras, en España, ni siquiera son consideradas como "escuelas" por la adminsitración. Las llamadas "escuelas libres" se configuran, en su mayoría, como asociaciones de padres y ningún niño sale de allí con un título bajo el brazo.

3. No quiero defender lo de la "S de A", pero creo que un aula es una sociedad en pequeño. Un aula no tiene nada que ver con una sociedad. Un aula tiende a la uniformidad, se conforma de individuos de la misma edad a los que se obliga a ir al mismo ritmo, a los que se les ahogan las pasiones y los intereses, a los que no se permite tener iniciativa. Y, lo peor de todo, es que no han elegido estar allí.
Y hay mucha política en juego en esa mini-sociedad. Es fantástico verles cómo se inventan a sí mismos en el seno de esa sociedad. Cómo eligen el lado luminoso o el lado oscuro. Lo que son, lo que van a ser. Y hay muchos profesionales de la enseñanza que lo darían TODO y que se dejan la piel para que escojan el lado luminoso, para que elijan, en definitiva, ser futuros buenos colegas, jefes, amantes, hijos, amigos, padres... Y muchísimos otros -repito, muchísimos- demasiados, que no se dejan la piel porque tienen alma de funcionario, no de educador.

El director de mi colegio, que es el mejor pedagogo que conozco, nos recibía el 15 de sept. con el siguiente discurso. "Hay niños que se levantan el lunes y dicen: vaya, lunes, qué rollo. No quiero ir al colegio. Y hay niños que se levantan riendo y dicen: qué bien, la vuelta al cole." Luego nos preguntaba "¿a qué grupo pertenecéis? A mí me gustaría que al segundo. Que nunca nunca dijeráis "hoy, vaya, lunes" A mí me gustaría que os comierais la vida, con alegría, siendo siempre diferentes. Yo os invito a que este año, este curso, os comáis la vida. Nos comamos la vida. Y os quiero a cada uno diferente. Queremos que seáis el mejor de todos los niños posibles que podéis ser.

Lo más emocinante, Lau, fue cuando pasé a ser profe. Era el mismo discurso. No decía: "No más "vaya" es Lunes. Este año, este curso, nos vamos a comer la vida juntos" Y si queremos niños diferentes, neecsitamos profesores diferentes. Es maravilloso ver que aún quedan algunos profesores con ilusión pero, como te decía antes, tenéis las manos atadas. De las facultades no sale gente con vocación educadora; sale gente que quiere un buen horario y un buen sueldo, que no tiene espíritu crítico y que, en el peor de los casos, no se toma la molestia de conocer a sus alumnos. Y añado una opinión -elección- personal que es fruto de una profunda reflexión y de un buen puñado de experiencia vital en cuyos detalles no voy a entrar: aunque encontrara un aula como la que describes, no llevaría a mi hijo a menos que él quisiera ir. Me encantaría conocer más detalles sobre tu vida profesional. Saber en qué tipo de colegio enseñas, qué enseñas, qué métodos utilizas y qué edades tienen tus alumnos.

Quiero darle las gracias públicamente a Cristina por los comentarios que dejó, por la forma apasionada en que habla de su profesión y por ser tan respetuosa con nosotros a pesar de no compartir nuestra visión. Raramente pasan por aquí profesionales de la educación o, si pasan, no dejan huella. Quiero invitar, también, a todos los profesores y a todos los homeschoolers a continuar este espléndido debate.

Suprimir

3 comentarios:

chose dijo...

!Estupendas reflexiones, las que ha planteado Cristina y las que tú aportas, Lau!!
Aunque mi hijo está escolarizado, y llevamos tres colegios distintos y muchos profesores en sus ocho años, no puedo evitar estar mucho más de acuerdo contigo que con ella. Insisto: y yo no educo en casa (todavía)
Gracias a las dos, de corazón.
Chose

Ipe dijo...

Es estupendo que existan profesionales de la educación apasionados como tu amiga Cristina, pero lamento que perciban que educar sin escuela es estar contra la escuela. Yo no estoy contra nada, siemplemente hago uso de mi libertad de elegir.

Es tan basico.. por ejemplo... yo no tomo café, pero no estoy en contra de las personas que toman café, ni de las que lo cultivan, ni de quienes lo comercian.Y creo que nadie se siente agredido por mi opción cuando nos sentamos a charlar y ellos tiene una taza de café y yo una infusión.

Para mi lo de la escuela es lo mismo, la escuela puede ser estupenda, pero para nosotros no era la opción adecuada, sin más.

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho la pasion de la 'educadora' esa es la pasión que veo en la educadora de mi hija en su escuela infantil y esa sensación de lunes y querer comerse la vida la tenía yo cada vez que iba a mi cole, no era un cole especial simplemente siempre me ha gustado aprender, disfrutar de la compañia y la escuela me lo daba todo (y soy la pequeña de 4 hermanos eh?)
Gracias por vuestros blogs, los homescholers me ensañais mucho aunque de momento y espero que la suerte me acompañe , creo en la escolarización y en los educadores profesionales, me enseñais a usar el tiempo de calidad con mi hija no para que sea la que antes lea o antes sume sino para que disfrute aprendiendo y sea feliz haciendolo.

Muchos besos y mis mejores deseos a todos los que nos preocupamos por los hijos,son el futuro!
Maya

Blog Widget by LinkWithin